Murió Alberto Cortez, cantor de lo cotidiano

Javgueva

Bovino maduro
#1
Donde una persona de mente torpe sólo vería "un pinche árbol" y "un pinche perro callejero", Alberto supo ver poesía.


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Mi madre y yo lo plantamos
En el límite del patio
Donde termina la casa
Fue mi padre quien lo trajo
Yo tenía cinco años
Y él apenas una rama
Al llegar la primavera
Abonamos bien la tierra
Y lo cubrimos de agua
Con trocitos de madera
Hicimos una barrera
Para que no se dañara
Mi árbol brotó, mi infancia pasó
Y hoy bajo su sombra que tanto creció
Tenemos recuerdos mi árbol y yo
Con el correr de los años
Con los pantalones largos
Me llegó la adolescencia
Fue al sobra de mi árbol
Una siesta de verano
Cuando perdí la inocencia
Luego fue tiempo de estudios
Con regresos a menudo
Pero con plena conciencia
Que iniciaba un largo viaje
Sólo de ida el pasaje
Y así me gano la ausencia
Mi árbol quedó, y el tiempo pasó
Y hoy bajo su sombra que tanto creció
Tenemos recuerdos mi árbol y yo
Muchos años han pasado
Y por fin he regresado
A mi terruño querido
Y en el límite del patio
Ahí me estaba esperando
Como se espera a un amigo
Parecía sonreírme
Como queriendo decirme
Mira, estoy lleno de nidos
Ese árbol que plantamos
Hace veintitantos años
Siendo yo apenas un niño
Aquél que brotó, y el tiempo pasó
Mitad de mi vida con él se quedó
Hoy bajo su sombra que tanto creció
Tenemos recuerdos mi árbol y yo


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Era callejero por derecho propio,
su filosofía de la libertad
fue ganar la suya sin atar a otros
y sobre los otros no pasar jamás.
Aunque fue de todos, nunca tuvo dueño
que condicionara su razón de ser,
libre como el viento era nuestro perro,
nuestro y de la calle que lo vio nacer.
Era un callejero con el sol a cuestas,
fiel a su destino y a su parecer,
sin tener horario para hacer la siesta
ni rendirle cuentas al amanecer.
Era nuestro perro, y era la ternura
que nos hace falta cada día más,
era una metáfora de la aventura
que en el diccionario no se puede hallar.
Era nuestro perro porque lo que amamos
lo consideramos nuestra propiedad,
era de los niños y del viejo Pablo,
a quien rescataba de su soledad.
Era un callejero y era el personaje
de la puerta abierta en cualquier hogar,
era en nuestro barrio como del paisaje,
el sereno, el cura y todos los demás.
Era el callejero de las cosas bellas
y se fue con ellas cuando se marchó,
se bebió de golpe todas las estrellas,
se quedó dormido y ya no despertó.
Nos dejó el espacio como testamento,
lleno de nostalgia, lleno de emoción,
vaga su recuerdo por los sentimientos
para derramarlos en esta canción.
 
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